Hoy reuní a mis sentidos sin prisa y con sosiego para que fueran testigos de unas líneas que aqui escribo que serán mi testamento
a mi querida,mi amada que me ha acompañado siempre en mañanas radiantes,buenas y en noches largas,muy malas le dejo los latidos de este mi corazón que la ama
envueltos en caja de seda para que el día que ya no esté al tomarla entre sus manos me sienta cada vez mas cerca
a los poetas les dejo una poesía inconclusa para que cada uno de ellos les den el final que quieran y les sirva como excusa para recordar mi nombre verso a verso,letra a letra
a Dios le dejo mi alma con huellas de las heridas que ya me encargué de cerrarlas con los castigos cumplidos y desinfectada de pecados El tendra la última palabra si estaré o no a su lado
a ustedes amigos míos les dejo un apretón de manos para que al sentir el contacto guarden siempre mi calor de amigo y me consideren su hermano con mi afecto siempre intacto
no creo olvidarme de nadie no tengo mas para dar solo una cosa me falta que guardo para el final y no es que lo dejé a la suerte en esta mi etapa cumplida de darle por último a la muerte cuando lo disponga,mi vida.-
Domingo 25 de octubre de 2009, elecciones en mi país Uruguay. Conjuntamente con ella un plebicito para anular la ley de caducidad, que ampara a militares asesinos y torturadores de la última dictadura militar, (1973-1985). El gobierno actual (Encuentro progresista) contando con mayoría en el Parlamento no tuvo la suficiente cintura política para anularla de primera. El plebicito se perdió. La total responsabilidad recae en este gobierno que en su campaña política nada hizo para apoyarlo.
En una entrevista realizada por Brecha al premio Nobel de la Paz, fundador y Presidente de Serpaj-América Latina, Adolfo Pérez Esquivel, éste manifestó su postura afín a la anulación de la ley de Caducidad. "La Ley de Caducidad debe ser anulada absolutamente porque es inmoral, es injusta, viola el derecho del pueblo y está viciada desde sus orígenes"
Al caminar por el pasillo del hotel en el que me encontraba aquella noche, los ruidos provenientes de una habitación llamaron poderosamente mi atención. Eran sonidos de una canción, pero no pude identificar a simple oído que o cuales instrumentos allí se ejecutaban. Era una melodía dulce y pegajosa que al aplastar mi oreja contra la puerta me llegaba más nítida. Al apoyarme en la misma, se abrió abruptamente quedando ante mis ojos como en un mundo lleno de magia los únicos habitantes de aquella habitación: sus muebles. Sin sobresaltarse de la llegada del intruso ( o sea yo ), siguieron ejecutando su canción. Los cajones de las mesitas de noche se abrían y cerraban a un ritmo acompasado, asemejándose al sonido de una batería. Las puertas del placard, también se abrían y cerraban rechinando sus bisagras imitando el chirriar lúgubre del violín. Los sillones con sus patas retaconas de madera, al balancearse hacia un lado y otro, parecían al golpear el piso duro de cerámica un perfecto bailarín de tap. La cama al ejecutar un movimiento hacia atrás y hacia delante, golpeaba son su respaldo una de las paredes. El colgante de luz que pendía del techo, actuando como músico invitado (ya que no pertenecía a la orquesta de muebles) acompañaba también a la canción meciéndose suavemente en forma de péndulo, sacudiendo sus cristales que golpeaban entre sí, produciendo un tañir de campanillas. No se cuanto tiempo quedé allí, parado, escuchando aquella suerte de concierto, como único espectador de una orquesta de fábula. Al cerrar la puerta detrás de mí y mientras me dirigía a mi habitación, pensé que me llamarían loco si se lo contase a alguien. Y silbando entre dientes la melodía de la orquesta de muebles, me dispuse a dormir.-
Como pasos bajo el agua en una plaza desaparece mi vida sin poder detenerla a tientas palpo mis recuerdos que ya no son míos ensombrecido manto de muerte cubriendo mi corazón pasajero de mil noches en la posada de mi vida
Y mis ojos desmesuradamente abiertos tratan de atrapar los últimos rayos de esperanza de vida que pasan raudos sin detenerse consientes ellos de la pérdida de tiempo en derrochar su energía en un moribundo
Ni súplicas ni lloros, ni mano tendida, ni mano amiga por más que imploro acude en mi ayuda tan solo un momento, una brizna de vida es mucho pedir para que mi alma cautiva y llena de dolor ante la muerte que se avecina pueda emigrar hacia otro destino no quiero morir y que ella muera conmigo.-