La figura de la mujer se recortaba detrás de los cristales de su ventana. Su pelo, del color de los trigales, caía en cascada sobre sus hombros. Observaba caer la lluvia, fría, intensa. El fulgor de los relámpagos se reflejaban en sus ojos color café. Y estaba triste y sola, la cita a ciegas que tenía ese día con el temporal que se desplomaba afuera, se había cancelado. Le hubiera gustado conocer a ese extraño, compartir una taza de café, mirarlo a los ojos mientras escuchaba su voz y tener al fin a alguien a quien amar, pero por sobre todas las cosas, tener también quien empujara su silla de ruedas.-
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