Demasiado grande el sufrimiento
la gota de reproches que no encuentra el suelo
y menos aún los oídos bañados por la sordera
el lagrimal del corazón bloquea su cascada
de tintineantes lágrimas que valen lo que las perlas
en el collar del cuello erguido, tan falto de belleza
y se refugia en su dolor, se atraganta con la molestia
del dedo inquisidor que lo señala con cautela
y habre heridas que no cierran desgarrando sus pulpas
renovados torbellinos de manos, dedos y calumnias
lo aplastan cada día más, en ese abismo que llaman la culpa.-
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