Aún cuando estaba disfrutando de mi niñez, descubrí lo que llamaría a estas alturas una pasión. La misma era por el canto. Y desde aquél entonces la he llevado conmigo durante todos estos años. Le canto al amor, al que se fue y al que vendrá. Le canto a mis sueños, a los que ya tengo y a los que aún no se animan a entrar en mi vida. O más bien a formar parte de ella. Le canto a la montaña que al anochecer le da cobijo al sol en sus espaldas. Le canto a la luna, que desde las altas ramas de los árboles es testigo del primer beso de los enamorados. Le canto a la esperanza, que aviva el deseo de la gente de una vida mejor. Canto y le canto con mi mejor voz al que está en el cielo, o en la tierra, o en cada rincón de ella. Canto y me canto la mejor canción.
Solo hay una cosa que me preocupa, y es no poder entonar una última melodía en mi funeral.-



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